Sobre mí


Hola, soy Susana,
mujer, hija, hermana y madre.  

Podría decir de mí que fui una niña tranquila, sosegada y estudiosa. Sensible y empática... muy dada a escuchar. Amiga confidente y lectora incansable. Con tendencia a hacerse preguntas quizás demasiado trascendentales para ser una niña, y que fueron las que me hicieron salir a la búsqueda y comprensión de las mismas, desde muy jovencita. 

Durante la etapa universitaria, fui descubriendo mi pasión por la Psicoterapia. Tuve la suerte de vincularme a un grupo de trabajo sobre PNL remodelada e hipnosis eriksoniana, y formarme en un master universitario sobre estas técnicas, a la par que terminaba la carrera realizando el practicum en terapia gestalt. 

Me especialicé en Psicología Clínica en el Hospital Psiquiátrico Universitario Institut Pere Mata de Reus (Tarragona), lugar en el que seguí trabajando como psicóloga adjunta otros 7 años más, antes de volver a mi tierra natal en el 2018.
 
Tengo gratos recuerdos de esta etapa... Fue sin duda la etapa en la que más intensamente me formé. Primero, porque especializarme implicó (además de conocer un sin fin de servicios, unidades y modos de trabajar distintos y asistir a conferencias, jornadas y congresos), realizar investigación de forma intensiva.
En mi caso versó sobre "La experiencia del dolor en fibromialgia", desde la perspectiva terapéutica del DBM (que es un modelo de PNL remodelada).
 
En aquella época también me formé en Psicoterapia Integradora, realicé un Master en Psicoterapia Psicoanalítica, y el primer nivel de la certificación en Psicoterapia Sensoriomotriz para el tratamiento de traumas. De forma transversal me formé en Mindfulness y comencé a practicar en mi día a día meditación y yoga. 

En el 2013, me convertí en madre. Fue una experiencia transformadora. Y fue ese indagar mi propia experiencia sentida de la maternidad, lo que impulsó un deseo de profundizar y comprender mejor la llamada etapa perinatal, su neurobiología y los diferentes modelos de apego y crianza que imperan en nuestra cultura, de la mano de Ibone Olza desde el Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal

La maternidad es un escenario fantástico para crecer. Nuestros hijos son nuestros maestros, y también es maestra la vida con cada etapa. Maternar, lactar, criar, acompañar, educar... y educarnos en ese acompañar. De pronto pasé de ser hija, a ser madre, y a ser hija siendo madre... y observé todo lo que se mueve internamente, permitiendo trabajar procesos que de pronto emergen de forma clara en la consciencia. Un regalo en todos sus sentidos, y un toparse con el "no saber" y con el "confiar", más allá de los conceptos, y constructos mentales... un bajar más que nunca, al sentir corporal, y un danzar en equilibrio con la neurobiología, en un baile no siempre armonioso entre cogniciones, hormonas, afectos y relaciones...  

En mi caso, surgió un deseo de volver a casa. A la tribu en su esencia. Y fue recién estrenado el 2018, cuando mi hijo ya tenía 4 años, que volví a Valencia, a seguir criando con su papá y acompañada por mi familia, que siempre ha sido un gran sostén. Tuvimos la suerte de conocer, como parte de esa tribu que se necesita para criar, a la comunidad de la escuela que escogimos para nuestro hijo, basada en la Pedagogía Waldorf.

Me encantan sus valores y la forma de acompañar y comprender a los niños. Valores de los que ya nos habíamos nutrido antes de volver a valencia, gracias a una familia de día waldorf que cuidó durante un año a nuestro hijo y sembró en nuestra familia, el amor hacia este tipo de pedagogía, vertebrando nuestra forma de acompañar la crianza, o al menos, de intentarlo. 

Poco después, volví a ser madre y en este caso, pude serlo desde un "ir más despacio"... Fue una etapa de nutrirnos de un tiempo sin tiempo, con cierta experiencia por la maternidad previa, y más consciente de cómo quería vivir cada momento. Esta segunda maternidad, me conectó más conmigo misma.

Más adelante llegaron, además del confinamiento, procesos de vida, de separación, y de muerte que tuve que transitar a nivel familiar y personal. Esta vez, sin duda, procesos dolorosos, pero también grandes regalos para seguir creciendo, y que me impulsaron a profundizar en la vía espiritual como camino para trascender dichos procesos.

Con todos ellos se fueron moldeando mis intereses y reorientando ese nutrir-me insaciable que me caracteriza, y me traen a ser quien soy, y hacia una búsqueda de autocuidado y observación de la salud, de forma más holística.

Fruto de ello, se dio profundizar en cuestiones del transfondo neurobiológico, lo que me acercó a conocer y formarme en terapias como la Terapia de integración de reflejos primitivos de INPP o la Terapia de Estimulación Auditiva de Johansen.
 
Paralelamente, de forma sincrónica, comencé a interesarme en la influencia que la alimentación y los nutrientes pueden tener sobre nuestra salud tanto física como emocional y mental.
Conocí una herramienta para nutrir nuestra salud desde la base (un precursor natural de una molécula llamada glutatión), que resulta ser un gran estabilizador del sistema nervioso, además de regular el sistema inmune, entre otras importantes funciones.
 
Otro gran regalo, que llegó para poder complementar y potenciar los procesos terapéuticos de la personas a las que acompaño, a la vez que cuidar de mi salud y la de mi familia. 

Actualmente trabajo en el Sistema Público de Salud como Psicóloga Clínica y compagino esta actividad con un espacio de Psicoterapia privada online.

Me considero una persona curiosa, eterna aprendiz, apasionada de la psicología y de la vida. Echo la mirada atrás y veo cómo mi trayectoria laboral y formaciones se han ido nutriendo de mis experiencias personales y viceversa.

Entiendo mi trabajo como una herramienta donde la terapia se construye a través de la palabra, pero también y sobre todo, a través de la emoción y del cuerpo, en el marco fundamental del momento presente.

Disfruto acompañando procesos donde el foco está en prevenir antes que curar, y en favorecer los ingredientes que cada persona y cada organismo tiene para sanarse y trascender su malestar.

Admito que ya no concibo trabajar desde un lugar que no incluya una mirada holística y espiritual que nos permita cuidar de ese templo que tenemos por cuerpo, escuchar sus sensaciones y emociones, indagar en la red de cogniciones y sus sistemas de creencias, para finalmente trascenderlas y poder conectarnos, desde la conciencia más esencial que nos une a todos en una misma unidad, en un mismo propósito, en un mismo SER.


Si deseas que te acompañe, estaré encantada de hacerlo. Estoy al servicio de lo que surja. Ponte en contacto conmigo y hablamos.

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